Vientos de Libertad - Relato propio

July 29, 2009 by Sir Ramza  
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Vientos de Libertad.

Repentina y violentamente escucho un avasallante ruido que tortura mi sensibilidad auditiva… busco de dónde proviene, y sí… es Él.


Acallado velozmente, Lucifer ya no me molesta y me dispongo a retomar el placer, sumergiéndome en las profundidades de la oscuridad.

Una fría mano se posa sobre mi espalda y una voz vaticina mi pecado. Atento a esa circunstancia, comienzo a peregrinar rumbo hacia la subsanación del mismo…

En el trayecto, imagino la sanción que me corresponderá por no poder reprimir aquella actitud placentera. Pienso en la grave falta que he cometido y comienzo a ensayar una faz creíble y una excusa convincente… pero de pronto, me detengo.

¿Será acaso una casualidad la que me detuvo? No creo en las casualidades, no es casual aquel ruido satánico, ni esa helada mano sobre mi espalda, ni esa voz, ni la posible sanción… ni mucho menos, éste detenimiento.

¿Por qué debo apresurarme y caer en la humillante tarea de ensayar una respuesta valedera? Posiblemente, en este momento, la Autoridad está esperando que me arrodille a confesarle mi osadía y suplicarle piedad… sigo paralizado.

Deseo volver, porque de seguir transitando por este camino, cada paso no será más que un paulatino alejamiento de mi libertad. Transité por años el mismo sendero para no ser más que la pieza de un rompecabezas que arman otros, por más que quieran hacerme creer que soy partícipe de aquella suntuosa actividad… sigo inmóvil.

Un último gesto de valentía me impulsa a retomar aquel trayecto. Lejos de apresurarme, respiro hondo y camino a paso firme; lejos de avergonzarme, levanto mi cabeza y mi pecho.

Efectivamente, ahí está el Juzgador de pobres, con mirada penetrante e intimidatoria. Me invita a conversar, está furioso, lo presiento… pero cuando levanta su dedo índice e intenta vociferarme, me anticipo y le informo que no me verá nunca más por estos pagos, ya no transitaré aquel camino.

Primero, la expresión de su rostro fue como el de quién recibe una ingrata sorpresa, pero luego, la indiferencia se apoderó de él y, con actitud altanera, me invitó a retirarme.

Vuelvo por donde vine, y no puedo evitar pensar que no habrá más ruidos avasallantes, manos frías sobre mi espalda, ni voces que vaticinan mi pecado de no transitar el camino que otros me imponen y que solo a otros les sirve…

Soy Libre.


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