Racing Club de Avellaneda: Una pasión

August 22, 2009 by Sir Ramza  
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2º parte:1931-1961

EL TRICAMPEONATO

Con el comienzo de la década del 30, el amateurismo le dio paso al profesionalismo y Racing empezó a recorrer un camino deportivo lejos de las alegrías de los títulos. Si bien eso no alcanzó para detener el avance institucional y social del club de Avellaneda, se sabe que en un club de futbol, siempre, los resultados deportivos influyen en el crecimiento.


El paso del amateurismo al campo rentado no fue lo feliz que la parcialidad de Racing Club imaginaba. Teniendo en cuenta el rotundo suceso años románticos del futbol local, nadie esperaba que resultara tan complicado volver a gritar campeón.

De todas formas, los distintos equipos blanquicelestes mantuvieron el virtuosismo heredado de la época amateur. Racing ganaba muchas veces, gustaba en varias ocasiones, pero no conseguía armar una campaña lo suficientemente sólida como para erigirse nuevamente en el máximo referente. Por ejemplo, en 1932, quedó segundo, a un punto de River (a la postre el campeón) e Independiente. Individualidades no le faltaron. Eran momentos en que la “bordadora” Vicente Zito dibujaba malabares en las canchas, y Vicente del Giúdice rompía redes contrarias. Con los años, se sumaron el Chueco Enrique García (Rosario Central), que se transformó en ídolo inmediatamente con su zurda prodigiosa; Alejandro Scopelli, goleador que llegó de Estudiantes, y el Machetero paraguayo Delfín Benítez Cáceres, un goleador de raza. Para la década del 40 llegó el gran back central José Salomón.

A fines de la década del 30, en 1939, el club recibió la visita de Jules Rimet, titular de la FIFA, debido a que la Argentina tenía intenciones de organizar una Copa del Mundo, algo que se demoró varios años más. Ya entrados los años 40, se adquirió el edificio donde hoy se encuentra la sede de Villa del Parque, en Capital Federal, epicentro de los más variados eventos. Era algo así como el club social y deportivo de cualquier barrio, pero con los colores por los que se vibraba cada domingo. En esa época, por Racing pasaron la orquesta de Osvaldo Fresedo, doña Petrona C. de Gandulfo y sus recetas de cocina, el poeta cubano Nicolás Guillén y el dibujante Vicente Forte.

Los años 40 no fueron gratos para la Academia, sobre todo en la primera mitad. Hasta 1945, el equipo deambuló por la mitad de la tabla y, algunas veces, más abajo también. Sólo en 1946 empezó el resurgimiento, con un cuarto puesto, a siete puntos del campeón, San Lorenzo. Las incorporaciones se fueron amalgamando poco a poco. Rubén Bravo llegó desde Rosario Central como parte de una operación múltiple, y al año siguiente, desde el mismo club, Waldino Aguirre, el Torito. El Turco Ezra Sued había saltado de las inferiores y era una fija en el equipo titular. Y para 1948 se hicieron incorporaciones fundamentales para el tricampeonato que en breve se lograría. De Huracán llegaron Juan Carlos Salvini, Norberto “Tucho” Méndez y Llamil Simes, y volvió de Atlanta Higinio García. La base estaba formada.

En 1944, dos días después de festejar el cumpleaños número 41 del club, se nombró la comisión pro adquisición del campo de deportes, que meses más tarde le compró 30.000 metros cuadrados de terreno a los ferrocarriles Sud y Oeste, donde hoy están el estadio y el polideportivo. A comienzos de 1946 se proyectó la financiación.
Racing había jugado durante casi cuatro décadas en su vieja cancha de madera, muy de estilo inglés, con una tribuna de ese material considerada la más alta de Sudamérica.

Esa cancha se levantaba en terrenos del entonces Ferrocarril Sud (luego Roca), en una zona que por muchos años se denominó el “mercado de la papa” porque allí llegaba por tren ese producto desde distintas zonas de la provincia de Buenos Aires.

Racing tuvo que comprar primero los terrenos mediante un crédito de 3 millones de pesos, solicitado al gobierno nacional por Paillot, quien además se desempeñaba como secretario de Salud de la Municipalidad de Buenos Aires.

Era en ese tiempo ministro de Hacienda Ramón Cereijo, hincha del club, a quien se tildó siempre de “parcial” por su relación con la entidad que, además, quedó asociada al entonces presidente Juan Domingo Perón, cuyo nombre recibió el estadio. De todos modos, en esa época, se repartieron desde el Estado unos 250 millones entre varios clubes.

Racing solicitó en 1947 un presupuesto a la empresa Compañía General de Obras Públicas (GEOPE), que cotizó la obra para el futuro estadio en 7.500.000 pesos, pero, una vez finalizada, los costos finales significaron unos 15 millones.

La obra fue diseñada por ingenieros alemanes, algunos de ellos con experiencia en la obra de reconstrucción de ciudades encarada por su gobierno luego de la guerra. El diseño contemplaba un gigantesco anillo de cemento, con tribunas en su parte baja y una bandeja, ambas con una capacidad inicial para 120.000 espectadores por lo que el estadio iba a estar colocado en orden de capacidad en un segundo lugar atrás del Maracaná, de Río de Janeiro.

Si bien no se llegó a esa cantidad, el estadio al momento de su inauguración sorprendió a todos por su capacidad. Además tenía como originalidad que los escalones estaban constituidos por bloques de cemento, en la previsión de poder cambiarlos en caso de deterioro.

Otra particularidad la presentó la imponente torre de 60 metros, a la que hay que sumarle unos 15 del mástil. Por su parte, las tribunas tienen en su parte más alta 22 metros con relación a la posición del piso del campo de juego.

Para la construcción del “cilindro de cemento” se utilizaron unos 15.000 metros cúbicos de hormigón armado, 12.000 de arena, 10.000 de canto rodado y unos 800.000 ladrillos.

En la tarde inaugural se vendieron en 23.575 entradas, con una recaudación de 82.491 pesos. De allí en más hubo tardes consagratorias y tardes tristes. En unas y otras, el estadio funcionA como un símbolo de Racing y del fútbol argentino.

El club seguía con su expansión. Al renovado éxito en el futbol se le sumaban también otros deportes destacados, como hockey y patín artístico, que se desarrollaban en el anexo de Villa del Parque. También Pichuco Troilo hacía bailar a todos los racinguistas (y otros tantos que no lo eran) en los carnavales de la época.

Racing estaba para campeón ya en 1948. Debió consagrarse. Pero ese año los jugadores iniciaron una lucha gremial sin precedentes y con consecuencias fundamentales en el desarrollo del certamen. El primer paro se levantó el 9 de abril y le dio paso al torneo. Buen presagio fue la goleada ante Boca, por 4 a 1. Con una gran serie de siete victorias consecutivas, Racing saltó al primer puesto un par de meses después. Sin embargo, los futbolistas volvieron a efectuar una huelga y el torneo prosiguió con jugadores amateurs. El equipo se cayó y fue goleado por Rosario Central por 6 a 1, perdió ante Independiente por 1 a 0 e igualó ante Platense 1 a 1. Los dirigentes, ofuscados, retiraron el equipo para las dos fechas finales. Para colmo de males, el campeón fue Independiente, que sumó su tercera corona. Otra vez se frustró el sueño el título. El maleficio seguía, pero no por mucho tiempo más.

La huelga de finales del último certamen generó una sangría de figuras en el futbol local, ya que la mayoría se fue a jugar al exterior, principalmente a Colombia. Pero con Racing sucedió algo curioso. Como Ramón Cereijo, famoso hincha de Racing y ministro de Hacienda del gobierno de Perón, no quería que se desmantelara el plantel, algo de lo que los jugadores estaban al tanto, ni se les ocurrió gestionar el pasaporte para emigrar. Sabían que el mismo nunca les llegaría. Por eso, la Academia sostuvo la base que lograría la trilogía de títulos.

Con Guillermo Stábile como entrenador, Racing empezó el camino de la recuperación en 1949. El equipo se presentaba sólido en todas sus líneas. Claro, era importante el hecho de que los jugadores, varios consagrados, se conocían. Antonio Rodríguez; Higinio García y José García Pérez (Nicolás Palma); Juan Carlos Fonda, Alberto Rastelli (Saúl Ongaro) y Ernesto Gutiérrez; Salvini, Méndez, Bravo, Simes y Sued fue la formación base, o mejor dicho, la que fue, al final, la titular. Por supuesto que en ellos no se terminaba el plantel.

En 1949, Racing se llevó por delante a grandes y chicos, sin distinción, aunque el torneo empezó con un tibio empate ante Banfield 2 a 2. De hecho, Banfield había sacado ventaja de dos goles, que después redujeron entre Ameal y Fuchs. Segunda fecha, primera goleada: 4 a 2 a Huracán. Como el Cilindro estaba en plena construcción, Racing actuó como local en las canchas de San Lorenzo y, la mayor cantidad de veces, en Boca.

Tras el empate ante Tigre (3-3) y la victoria ante Vélez (1-0), en la quinta fecha se produjo la primera derrota, ante River, en la cancha de Boca, por un concluyente 3 a 0. Pero eso no melló el alma del plantel, que se mantuvo en la lucha. En la fecha siguiente, Racing empató 3 a 3 con Newell’s, venció a Gimnasia (2-1), perdió con Chacarita (3-2) y goleó a Lanús por 6 a 1, un resultado clave para llegar al clásico con Independiente de la mejor manera. Y vaya si fue así: con el debut del Colorado Rastelli, el equipo de Stábile goleó a los Rojos por 5 a 2, con tantos de Julio Gagliardo, Simes, Donato Hernández (2) y Méndez.

Racing se impuso en dos clásicos más, en forma consecutiva: a Boca lo superó ampliamente por 6 a 2 y a San Lorenzo le ganó por 3 a 1. Racing sumó una victoria más, por 4 a 0, frente a Ferro, antes de caer como visitante con Platense por 2 a 0, que junto con River no aflojaba. Pero la Academia tampoco se rendía. Y la lucha se hizo emocionante.

Racing encadenó una serie invicta de diez encuentros, en los que venció a Central, Estudiantes, Atlanta, Banfield, Huracán, Vélez, River y Newell’s, y empató con Tigre y Gimnasia, hasta que cayó en la 25ª jornada frente a Chacarita, por 2 a 1, como local. Una fecha más tarde, empató 2 a 2 con Lanús y se venía Independiente. ¿Aparecían algunos fantasmas? Nada de eso, la Academia dio una lección de futbol en la primera etapa con un 3 a 0 contundente, con tantos de Salvini, Simes y Méndez, y enfiló así hacia el ansiado título, porque River cayó en esa fecha ante Newell’s, con lo que Racing estiró la ventaja.

El partido siguiente, con Boca, en la Bombonera, se suspendió cuando Racing ganaba por 2 a 1 y faltaban 11 minutos. Antes de que ese cotejo se reanudara, el equipo goleó por 6 a 1 a San Lorenzo, en la misma cancha, porque Racing actuaba como local ahí. Tres días después, otra vez la cancha de Boca fue el escenario, pero en este caso para completar el encuentro suspendido. La Bombonera estaba colmada, más allá de los pocos minutos que quedaban en disputa. Por más que el equipo xeneize atacó con toda su fuerza, la resistencia de Racing fue suficiente como para sostener el triunfo por 2 a 1. Con el pitazo final se desató la locura. La Academia volvía a consagrarse luego de 24 años. Y era merecido.

El certamen se completó con dos victorias (Ferro y Atlanta), dos caídas (Central y Estudiantes) y un empate (Platense). Pero eso fue lo de menos, porque la verdadera proeza ya estaba consumada. Racing estaba nuevamente en lo más alto del futbol argentino y con excelentes perspectivas. Además, en 1950 se inauguró el Cilindro, por lo que el peregrinaje por distintas canchas llegó también a su fin, como la racha negra sin títulos.

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Pero eso fue en la última etapa del año. En estos años también se notó el crecimiento de la masa societaria: de 14.415 en 1942 se pasó a 36.636 en 1949. Por suerte, para entonces Racing había superado los años negros del comienzo del profesionalismo y había vuelto a gritar campeón.

De Italia regresó a la Argentina el Atómico, Mario Boyé, que había triunfado en Boca y que ahora llegaba para ponerse la camiseta de Racing y ocupar el sector derecho del ataque en lugar de Salvini. En el debut en el certamen, en la cancha de Independiente, la Academia venció a Boca (que había sacudido el mercado con la contratación de José Manuel “El Charro” Moreno) por 2 a 0.

Después, Racing logró seis triunfos, sólo interrumpidos por un empate ante San Lorenzo (2-2). Entre los vencidos estuvieron Independiente y River. Pero enseguida se entró en un subibaja entre derrotas (frente a Newell’s, Atlanta, Huracán, Platense, Central, Boca y Chacarita) y victorias (ante Quilmes, Estudiantes, Ferro, Banfield y Gimnasia).

A partir de la derrota frente a Chacarita, Racing regularizó su camino, algo en lo que seguramente tuvo que ver el regreso al hogar, porque en el partido siguiente, frente a Vélez, se inauguró el estadio Juan Domingo Perón, lo que generó una enorme afluencia de público, que vivió con regocijo el éxito por 1 a 0. A ese triunfo le siguieron otros cuatro, entre los que se destacaron los dos últimos de la serie, en ambos casos goleadas: 4 a 2 a Independiente como visitante y 5 a 3 contra River, en el flamante Cilindro.

Para Guillermo Stabile, la clave había sido el éxito ante San Lorenzo, que le siguió al de Vélez: “Fue definitorio, sin discusión, porque habíamos perdido el primer puesto dos jornadas antes, a manos de Boca, lo recuperamos frente a Vélez y el éxito ante San Lorenzo fue la llave del campeonato”.

La definición fue el 12 de noviembre, ante Banfield. Antes, el equipo había vencido a Quilmes, Atlanta, Ferro y Huracán, y había caído ante Newell’s y Estudiantes. La multitud en el Sur estaba expectante. Y Racing… perdió. Pero nadie se lamentó demasiado, porque el empate de Boca y la derrota de San Lorenzo le dieron el bicampeonato al equipo albiceleste. Racing fue un campeón con 10 derrotas, pero apenas un empate y nada menos que 23 victorias, lo que le sobró para sacar una diferencia determinante. Los dos últimos encuentros sirvieron para que Racing mostrara, ya sin presiones, lo mejor de su juego. Así, cerró el torneo con dos éxitos, ante Platense (4-1) y Rosario Central (4-2).

¿Era suficiente con eso? Probablemente, para muchos. Pero no para los muchachos racinguistas, que querían redimir al club después de la extensa sequía. Por eso fueron por algo inédito hasta entonces en la era profesional: un tricampeonato.

El de 1951 fue el primer certamen en el que Racing dispuso del Cilindro un campeonato completo. Además, se incorporó el esgrimista Enrique Lúpiz como preparador físico, ya que era un aspecto al que hasta ese momento no se le daba mayor importancia. Se hicieron tres incorporaciones: Héctor Grisetti, arquero de Banfield, para sustituir a Antonio Rodríguez; Juan Carlos Jiménez, de Huracán, se sumó a la defensa, y Alberto Cesáreo, de Boca, aportó lo suyo para el ataque.

El comienzo no fue del todo auspicioso. En las diez primeras fechas, la Academia ganó dos partidos (Estudiantes y Chacarita), perdió otros dos (River y Huracán) y empató cinco (Newell’s, Quilmes, Ferro, Banfield e Independiente, como visitante). En la segunda fecha Racing quedó libre. En este primer tramo del torneo quedó claro que Banfield sería uno de los rivales a vencer. Por la novena fecha, el equipo del Sur fue local ante la Academia. Albella, de penal, puso en ventaja al Taladro. Tan difícil fue el cotejo que Racing sólo pudo empatar cuando faltaban 12 minutos para el final.

A partir de entonces, el equipo logró solidez y no volvió a sufrir una derrota hasta la 23ª fecha, cuando perdió 4 a 2 ante Ferro. Después de esa caída, Racing superó a Huracán y a Chacarita, antes de encontrarse nuevamente con Banfield. El Cilindro lució un marco espectacular. Luego de que Higinio García desaprovechó un penal en el primer tiempo, Ámela puso en ventaja a la Academia. Pero apareció otra vez Albella y, cuando faltaba un minuto, empató el cotejo. Con eso, el equipo del Sur se mantuvo en la punta de la tabla de posiciones, con 34 puntos, seguido por Independiente (33), Racing (32) y River (31).

En la fecha siguiente se disputaron dos partidos “de campeonato”. Por un lado, Banfield y River igualaron 0 a 0; por el otro, en el clásico de Avellaneda, la Academia superó a Independiente por 1 a 0. La tabla de posiciones se reacomodó. Racing quedó segundo, a un punto de Banfield, Independiente tercero y River siguió en el cuarto puesto. La definición se puso picante.

Tras los triunfos ante Chacarita (2 a 1) y Gimnasia (3-0), el 28 de octubre Racing perdió el invicto que ostentaba en el Cilindro desde su inauguración a manos de Boca. Fue 2 a 1. Y podría decirse que fue una venganza del equipo de la Ribera, que lavó su honor al devolverle al equipo de Avellaneda la misma bofetada que Racing le había propinado en 1941 al quebrarle el invicto en la Bombonera.

Después, empate 1 a 1 con Vélez y regreso al triunfo frente a San Lorenzo, por 2 a 1, por la 32ª jornada, fecha en la que Banfield cayó ante Chacarita como visitante. Racing quedó a un punto cuando faltaban dos fechas y justo en la penúltima, Banfield quedó libre. River estaba tercero, a dos puntos del líder. Por la 33ª fecha, la Academia igualó ante Atlanta y alcanzó a Banfield, mientras que River empató con San Lorenzo y quedó a un punto. En la jornada final ganaron los tres equipos: Racing goleó a Lanús por 5 a 3, Banfield aniquiló a Independiente por 5 a 0 y a River no le alcanzó la goleada ante Atlanta. Todo quedaba para Racing o Banfield.

Dos partidos de desempate en la vieja cancha de San Lorenzo, el Gasómetro. Tan parejo era todo que el primer encuentro, el 1º de diciembre, terminó 0 a 0. Las más diversas conjeturas se tejieron en los días previos al choque decisivo. Porque era público que, si bien Perón, a través de Ramón Cereijo, había sido factótum fundamental en la construcción del Cilindro y el engrandecimiento de Racing, su esposa, Eva, estrechamente ligada a los sectores de menores recursos, “prefería” una victoria banfileña. Este mensaje les llegó a los jugadores de Racing, que, reunidos, se dijeron: “Ni locos. Nosotros vamos al frente”.

-nota:aunque está hecho por un programa partidario de Banfield,vale como documento-

Y así fue. El 5 se disputó la revancha, con características similares al primer enfrentamiento. Todo era muy parejo. Pero Racing tenía un arma: Mario Boyé, el Atómico, que con un furibundo zapatazo venció la resistencia de Graneros, al minuto del segundo tiempo. Racing se convirtió así, contra todos los pronósticos que decían que las finales estaban “arregladas”, en el primer tricampeón del futbol argentino.

Los años 50 se iniciaron de forma inmejorable, porque el bicampeonato se festejó nada menos que en la casa propia, el Cilindro, inaugurado el 3 de septiembre de 1950. Racing entraba en un período de esplendor total.

En 1951, al entidad tenía 40.907 socios y una biblioteca con 5.453 volúmenes. Fuera del futbol, un hombre del club, como Pedro Leopoldo Carrera, se consagró campeón mundial de billar.

El anexo de Villa del Parque pasó a ser definitivamente de Racing en 1952, mediante la firma del boleto de compra-venta con fecha 22 de abril. Así, la empresa Pavimar, que hasta entonces le alquilaba los cinco lotes a la Academia, cedía a cambio de 580.000 pesos una superficie e 3.702,89 metros cuadrados.

El 25 de julio de 1953 se produjo un hecho singular. El fallecimiento de Eva Perón constó en la Memoria y Balance de ese año. Pero tan importante era la figura de la señora en el club que el citado día se descubrió un busto de bronce de Evita en la sede de Avellaneda.

Aún en tiempos de bonanza, tanta expansión tuvo un costo, por supuesto. La institución pagaba, por ejemplo, 400.000 pesos por el préstamo correspondiente a la construcción del estadio. En total, llevaba acumuladas pérdidas por un valor aproximado de 5.000.000 de pesos. Además, en 1955, la cantidad de socios había bajado un poco, a 36.933, y la afluencia de público comenzó a decaer hasta que tocó lo más profundo del pozo en 1958, con el desencanto que se produjo ante el fracaso en el Mundial de Suecia 1958.

Más allá de esto, la diversidad de actividades culturales hacía que Racing fuera una verdadera Academia en todos los sentidos. El 5 de mayo de 1956, el escritor Jorge Luis Borges disertó sobre la obra y destino de Almafuerte en el salón de actos del club; el mismo mes actuó el guitarrista Eduardo Falú y la pianista Pía Sebastián ofreció un concierto ese año.

Al año siguiente, el que pasó por Racing fue el prestigioso director Lalo Schifrin, con su orquesta Jazz de Vanguardia. En esa época se dictaban cursos para mujeres sobre trabajos con paño lency. En el aspecto económico, el club había retomado la buena senda, fundamentalmente a partir del dinero generado por las ventas de Rogelio Domínguez y de Humberto Maschio. De esta forma, los dirigentes anunciaban el saneamiento de la entidad.

A partir de allí se vivió en el club una etapa de solidez, con títulos locales incluidos, que duró en términos generales hasta el ciclo del Racing campeón del mundo, símbolo del esplendor deportivo de la institución, pero que detrás estaba sustentado por el crecimiento de una entidad grande, pujante y de bases fuertes.

ESTIRPE DE CAMPEON

A punto estuvo Racing de conseguir el tetracampeonato en 1952. Apenas un punto lo separó de River, el campeón, que sería el gran heredero de la dinastía académica de esos años. El River que con el tiempo se conocería como “La Maquinita”, por haber sucedido a “La Máquina”, aquel gran equipo de la delantera inolvidable formada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Es que fue una década dorada la del 50 para el equipo de Núñez, que logró cinco títulos en seis años, entre 1952 y 1957, serie sólo interrumpida nada menos por Boca en 1954. Pero… ¿qué hubiera pasado si Racing lograba la cuarta corona en 1952?

A pesar de que el paréntesis de títulos de Racing se extendió hasta 1958, durante esta etapa el equipo se mantuvo entre los que discutieron los campeonatos. Ya se dijo que en 1952 quedó apenas a una unidad de River, el primero. Al año siguiente compartió el segundo puesto con Vélez, aunque finalmente Racing fue tercero por diferencia de gol. El año en que Boca se alzó con el título fue el de peor rendimiento de la Academia, que quedó décima, a 18 puntos. En el tricampeonato conseguido por River en 1955, 1956 y 1957, Racing se ubicó segundo, cuarto y tercero, respectivamente.

Esos años, además de las buenas producciones del conjunto de Avellaneda, sirvieron para la consolidación de grandes figuras del futbol argentino, como el arquero Rogelio Domínguez, Humberto Maschio, Pedro Manfredini, Antonio Valentín Angelillo y el magnífico Oreste Osmar Corbatta, “El Loco”, un futbolista exquisito, un puntero derecho que marcó una huella en nuestras canchas, sin distinción de colores, y que triunfó con otra celeste y blanca, la de la selección, en el recordado Sudamericano de Lima, en 1957.

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En 1952 se había armado un buen equipo. Pedro Dellacha y el arquero Alberto Favalli (ya había jugado en Racing en 1947) llegaron de Quilmes, “Palito” Balay de Huracán y Juan José Pizzuti abandonó la camiseta de River para ser adoptado para siempre por la gente de Racing. Se retiró el guardavalla Antonio Rodríguez y Ameal se fue al Globo. En 1953 empezó a preocupar la edad de los jugadores. Puzzuti era el más joven, con 26 años, pero Boyé, Méndez, Simes y Sued ya tenían 30. Se reforzó la delantera con Ortigüela (Newell’s) y el regreso de Ameal. Para la floja campaña de 1954 se adquirieron los pases de Cap, Maschio y Sivo a Quilmes, y Boyé se fue a Huracán. Para 1955, Pizzuti se fue por un año a Boca y Méndez pasó a Tigre, pero se incorporaron Angelillo, de 17 años y proveniente de Arsenal, y Adalberto Rodríguez, de Banfield. Se afianzaron Maschio y Corbata, y Cigna y Santos aportaron lo suyo en ataque. Los cimientos de la renovación estaban puesto y firmes.

En 1956, a pesar de que se fueron Angelillo (a Boca) y el veterano Simes (a Tigre), sólo se incorporó el puntero izquierdo Juan Carlos Mendiburu, de Vélez. Al año siguiente se sumó el mendocino Pedro Manfredini y la Raúl Belén, mientras el pasivo del club se saneaba gracias, fundamentalmente, a los ingresos generados con las ventas de Rogelio Domínguez y el Bocha Maschio. El arquero Osvaldo Negri y el zaguero Juan Carlos Murúa dejaron las inferiores para sumarse al plantel profesional. Igual, a River no había con qué darle. La fórmula, sin embargo, la encontraría el propio Racing en 1958.

Vale hacer un paréntesis para mencionar el suceso logrado por el seleccionado argentino en 1957, en Lima, Perú. La selección se consagró campeona con un futbol de alto vuelo y una delantera fenomenal en la que tuvieron determinante participación tres hombres de Racing: Corbatta, Maschio y Angelillo. “Los carasucias”, como se conoció a aquellos atrevidos jóvenes que le cambiaron la cara a la otra celeste y blanca, formaba arriba con Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz.

Tal vez por esta actuación también haya sido mayor el gran fracaso en el Mundial de Suecia, un año después, que generó una depresión en el futbol argentino, ya que la gente quedó desencantada con el equipo dirigido justamente por el armador del tricampeón académico, Guillermo Stábile. Pero para Racing no fue malo ese año porque quebró la hegemonía millonaria y volvió a gritar campeón.

En el banco, Racing tenía a un hombre de la casa, José “Pechito” Della Torre, que supo combinar la prestancia de hombres como Corbatta, Manfredini, Cap, Pizzuti, Dellacha, Murúa, Sosa, Belén y Anido para darle a la Academia un nuevo título, con el que se rompería el magnetismo que River tenía con los títulos locales y que sólo pudo recuperar 18 años después.

Racing llegó a la consagración dos fechas antes del final del certamen, con el empate 3 a 3 frente a Lanús, como visitante. Nada fue sencillo, porque el equipo perdía por 3 a 1, pero en la media hora final, con goles Vladislao Cap y Pedro Manfredini, alcanzó la igualdad que significó un nuevo campeonato para Racing, el cuarto en la era profesional. Poco importó que en los dos cotejos finales empatara 2 a 2 con Vélez y perdiera 2 a 0 frente a San Lorenzo.

Lejos de conformarse, el equipo de Avellaneda se mantuvo entre los de arriba en los dos torneos siguientes (fue segundo en 1959 y cuarto en 1960), hasta que en 1961 volvió a festejar un título, con un plantel que tenía algunos valores nuevos, con el gran Federico Sacchi como estandarte de elegancia y efectividad. También llegaron Borges, Mesías, Peano y Berón. Lo de Racing fue modestia pura al lado del derroche de dinero de otros clubes, encabezados por Boca y River, que creyeron ver la fórmula del éxito en las contrataciones fulgurantes y los extranjeros. La Academia ni siquiera perdió el equilibrio con el técnico: otra vez apostó a alguien con pasado en la entidad, como Saúl Ongaro.

El grupo tuvo un andar notable en el certamen. Mostró una seguridad y un andar firme que prácticamente le aseguraron el título sin sobresaltos. Una serie de cinco victorias seguidas frente a Argentinos Juniors, Boca, Los Andes, Ferro y Huracán en el inicio mismo del torneo le permitieron al equipo de Ongaro forjar una imagen positiva que se prolongaría por el resto del certamen. Incluso, el invicto se estiró hasta la decimotercera fecha, hasta que en la decimocuarta fue Independiente, con una goleada, el que rompió la cadena exitosa de la Academia. Racing no se cayó en lo absoluto, mantuvo su poder y forjó un nuevo invicto de trece fechas, que también se cortó con una goleada, en este caso ante Gimnasia, por 8 a 1, aunque el resultado no hizo la mella que hubiera causado en otras circunstancias porque en la fecha anterior, la vigésimo séptima, con el éxito en el clásico ante San Lorenzo por 3 a 2 , la Academia se había consagrado campeón.

La campaña no dejó dudas de su superioridad: Racing ganó 19 de los 30 encuentros y fue categórico en las redes adversarias, con 68 tantos. Un nuevo clásico frente a Independiente dejó un empate 1 a 1 y siete expulsados en total, que implicaron que Pizzuti tuviera que atajar un rato. No importaba demasiado, una nueva estrella en el cielo racinguista comenzaba a brillar.

Par ver la 1º parte:http://www.taringa.net/posts/deportes/3167393/Racing-Club-de-Avellaneda:Una-pasion_1º-Parte_.html

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Comentarios

Un Comentario en "Racing Club de Avellaneda: Una pasión"

  1. Alex Pantarotto on Tue, 1st Sep 2009 3:32 AM 

    Muy bueno.Excelente información!!

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